BIENVENIDA

Navegante: como declara el título, este es el cuaderno, díptico blanco cosido en espiral creado por juanluisgx,
en el que yo, el de la foto en color de Graciano Ramos, escribiré, casi a diario, o no.
Si en él atracas, te deseo buena estancia; si continúas el viaje, aun nada más avistarlo, que éste te sea favorable.
En cualquier caso, deseo que tu navegación por la vida sea propicia. ¡Salud y suerte!

domingo, 27 de mayo de 2012

DESENTRAÑANDO MÁSCARAS

Puede extrañar la presencia de este cuadro inicial siguiendo al título de la entrada. Tal que uno y otro se contradijeran. Pero no, en este caso, la mente puede, perezosa y simple, jugarnos una inadecuada utilidad si esto concluyese, pues se complementan. Cómo podría yo desentrañar -averiguar, penetrar lo más dificultoso y recóndito de una materia- máscara alguna si antes otra persona, en algún rincón del mundo, no hubiera puesto en su fabricación -manufactura en el caso de este Hacedor de máscaras, obra del mexicano Carlos Orduña- su tiempo y pericia y todo cuanto a mayores cada cual pueda y quiera suponer. Bien cierto es, lo sé, que también las máscaras pueden ser producto de un proceso industrial cuasi privado de humanidad, que no de intervención humana, pero eso lo obvio, en este caso, digamos, por salud mental y porque, de alguna manera, obstaría mi escritura, con la que hoy sencillamente pretendo que sirvan imagen e introito para dejar constancia del porqué de mi ausencia por días de este Cuaderno.
He estado estas jornadas, parte de sus días y sus noches, admirando a las cuatro damas que desde el pasado día siete conviven conmigo y que, como saben, me fueron amigablemente enviadas por un ignoto nuevo amigo de toda la vida -como bien me enseñó Antonio Merayo, a identificar esas afinidades que nacen inesperadamente y parecen venir y darse desde muy lejos y antiguo- merced en este caso a amistades comunes.
Y así, admirando  sus cuerpos y las máscaras tras las que siempre han permanecido, y permanecen, he pasado varias horas, siempre breves por su velocidad de consunción, con cada una de ellas, una a una todo sea dicho, hasta creer haber desentrañado su secreto o, al menos, hasta dejar fluir por escrito lo que a mi me sugirió de cada cual: cuerpo, máscara y actitud.
Si bien parcas en palabras, generosas y pacientes han sido conmigo estas seductoras cuatro compañías, a quienes, ignorando su nombre, di en llamar Europa, Búsqueda, Fragilidad y... Maltrato. Ni un sí ni un no salió de sus bocas a mis cavilaciones, mas si me hicieron notar como se iban sintiendo a gusto según lo escrito iba siendo modificado y corregido hasta ser dado por aceptable.
De mi relación con ellas, he salido enriquecido y también fortalecido, además de exhausto. Que torpe como es uno en sus pasiones, incluso en las que más gusta, de todo encuentro habido he salido extenuado y de los habidos con la sin igual Maltrato,  la y los que más huella han dejado en mi,  la y los que ya sin duda por siempre anidarán en lo mejor de mi, no miento si digo que he salido exánime. Y aún ahora, si a ella dirijo mi mirada, siento todo el estremecimiento que sólo una profunda identificación personal posibilita.
Han sido momentos intensos y plenos los dedicados a ellas , en los que, como describe Leonardo en sus diarios que, paseando un día por el Val d'Arno y hallándose ante una cueva,  me detuve en el umbral, cegado por la tiniebla, y miré al interior, cubriéndome los ojos ojos con la mano. De pronto, me asaltaron dos sensaciones: temor y deseo. Temor ante la oscuridad amenazadora de la caverna; deseo de ver si, por ventura, ocultaba cosas maravillosas. Claro es que, en mi caso, y salvadas obviamente las distancias, la cueva, era máscara, y el deseo, dejarme llevar por lo que la contemplación de cada dama enmascarada me provocaba y, así, en cada uno de esos actos re-crearme en la escritura
Quede aquí pues también como consumación de esta explicativa comparecencia este otro cuadro, de igual título y autor que el primero, a modo de reconocimiento y gratitud a quienes bien por sus creadas máscaras, bien por el uso de éstas en sus creaciones artísticas me han propiciado esos momentos de admiración, contemplación, muda, que no nula, comunicación que me permitió  adentrarme más adentro en la espesura de lo que cada ser, mujer en estos casos, puede estar proclamando aún tras una máscara, patente en estas ocasiones y no tanto en otros.

jueves, 17 de mayo de 2012

PERSONAS Y COSAS QUE REDIMEN

Hay semanas, la pasada fue una de ellas, que amagan, con varia adversidad, con dejarte a los pies de su fin como náufrago exhausto. Pero si a cada tiempo no le falta su penalidad, bien cierto es también que cada día trae su don -otra cosa es que uno sepa siempre cómo descubrirlo y degustarlo con alegría y complacencia-. Y si días tuvo la semana en que los contratiempos se hicieron patentes con sus sorpresivas acrobacias, no faltó tampoco en ninguno de ellos el sereno contento de lo grato inesperado. De alguno, y hasta cuadruplicado, y aunque veladamente, ya di cuenta aquí mismo en fecha pasada y siento que todavía no es tiempo de descorrer sus velos. Y tomeseme esto como, lo que es, amistosa discreción. Más todo a su tiempo será develado.
Y si suerte tuve de que al final nada me echase a pique en la semana, más aún me regalaron su viernes  y su sábado. Así, para rematar, y ya en el asueto, su más venusiana parte, el viernes, con sus prisas e itinerarios, y yo mismo, con mi falla en el cálculo de las fugas del tiempo, fuimos los responsables de mi ausencia del encuentro que con Fernando Beltrán y su Donde nadie me llama ofrecía el Centro Cultural de Castrillón Valey y dicha pérdida hizo que la espiga de la contrariedad brotase en mi entrecejo; mas, pronto llegó la sonrisa de mi propia mano al sorprenderme ante el portal de Bocamar sin llave que arrimar a la cerradura y constatar, una vez más, cómo uno se supera en sus torpezas cada día.
Pero, como dije y pienso que es norma, después de la desventura, el sábado se presentó generoso hasta el extremo en su magnanimidad. Partía yo hacia Piedras Blancas a beneficiarme de las pedagogías de Leopoldo Sánchez Torres, poeta y profesor que enseña como disculpándose, en su Taller de las Metáforas, dentro del VI Festival internacional de Poesía Palabra en el mundo, cuando descubro, dichoso, que el Nalón me acerca por su orilla mas cercana a Fernando Beltrán y dos personas más en plácido paseo bajo las férricas y patrimoniales cigüeñas del puerto. Alto y saludo, no es para menos el presente, no para hacerlo pasado arrepentido, sí para convertirlo en tesoro de futuro. Abrazo amigo, alegría compartida. Íntimo e inadvertible sol en la mañana nublada. Encuentro milagroso para uno, guapísimo para el otro y otras muchas preces que para mí guardo.
Resto de camino contento, agradecido al día, enriquecedor taller con el buen y bueno, óptimo, Leopoldo y... y aún guardaba más la mañana. Allí, en el mismo Valey esperaban, se me regalaban, las Mujeres encontradas por Fernando Beltrán, quien, como bien dice Luis Eduardo Aute, en lugar de tratar a la mujer como objeto, trata al objeto como una mujer.
Hay semanas que amagan... sí, pero, por un algo inexplicable, o que no soy capaz de explicarme, la vida siempre me acerca a personas y cosas que redimen. Sirvan estas palabras de prueba y más aún de gratitud a la una y a las dichas personas y  cosas que cada día me rescatan, me renacen.

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Confessio: mientras esto escribía me acompañó la banda original de El cartero (y Pablo Neruda), una de cuyas escenas, la que más me gusta, no puedo dejar de traer aquí.

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miércoles, 9 de mayo de 2012

BREVE Y DISCIPLINADA COMPARECENCIA

Ayer tuve una mañana de esas que te hacen recordar el sinnúmero de ellas que han sido mejores. No se la voy a contar, que recrearla, revivirla, ya sería rayar el masoquismo, del que, de momento, libro. Así que, tan sólo les diré que una vez terminada la jornada me fui directamente a la terapia de grupo. La comencé apenas cerrada la puerta de casa con Alkitis Protopsalti y Goran Bregovic. Sus voces, que no me decían nada que entendiera o tuviera posibilidad de interpretar, el ritmo de sus canciones, el dulce café frío y los cigarros conscientemente fumados y, por ello, saboreados, sosegaron mi malparado ánimo lo suficiente como para hacerme pensar, más que en una rendición, en alguna vía gastronómica al rearme de la voluntad y la intención, a prever el disfrute del posterior paseo fluvial, la consiguiente ablución, o ducha en vulgo, y ya ensoñarme y verme en una tarde tardía de escritura y música mozartiana. Como así fue.
Pues cumplida toda previsión, recién acicalado en sus primera y cuarta acepciones, me dispuse a entregarme a, como mínimo, una de las cuatro damas que ayer me fue dado elegir, merced a dos amigos -que, de momento, secreteo- y que en toda su hermosa naturalidad y bellamente enmascaradas me esperaban reclamándome todas mis atenciones y potencias creadoras.
Mas, no cundan los pánicos, bien moral, bien envidioso. Templanza recomiendo. Que sin haber yo mentido, que verdad he escrito, puede la imaginación excederse en sus especulaciones y conducir a engaño; y digo yo que ya bien de ellas hemos tenido y tenemos, que así nos va, unos a faltriquera llena y otros con los bolsos agujereados de tanto raquear en ellos. 
Y hasta aquí esta breve y disciplinada comparecencia, que después ya me dí a las complacencias, y no son éstas cosas de develar aquí.
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martes, 8 de mayo de 2012

DE LA INDESEADA PRESENCIA DE NORMAN

Sé que con frecuencia hablo, mejor, escribo de mis ausencias, de aquellos seres que han dejado huella en mi, o que, de alguna manera, han contribuido a mi permanente proceso de modelado. Pero hoy no será así. Hoy contaré de quien ha ocupado mi lunes y, de alguna manera, aún me ronda. Se trata de una presencia indeseada, es más, me atrevería a tildarla de invasora, o impuesta. Así que, mientras anda por aquí, y como a modo de complementario conjuro a otras acciones más racionales y científicas, escribiré de él y su presencia.
Con el invasor en cuestión he coincidido durante años con cierta y creciente frecuencia, pero sin más; sin que de nuestra frecuentación surgiese nunca la mínima afinidad o simpatía, al menos por mi parte, pues siempre consideré sus presencias en mi vida, menores o mayores, como consecuencia de mis relaciones amistosas, afectivas e, incluso, profesionales. Es más, Norman, que éste es su nombre, no me fue presentado formalmente hasta el pasado mes de agosto y casi de manera forzada pues, dicho sea con sinceridad, interés ninguno tenía yo en ello. Pero ya se sabe, basta que uno achique para que otro arrastre, y un allegado, aún menos frecuentado, galeno para mayores señas y descargo de conciencia de cuantos no lo sean, se empeñó en averiguar si realmente esta... presencia -lo de relación me parece excesivo para el caso- era realmente quien él se imaginaba. Y sí, ciertamente lo era, se trataba y trata de Norman. Así que, una vez por él averiguado, cierto que con mi imprescindible colaboración, y una vez presentado, el propio inquisidor me advirtió de como mantenerme a salvo de las inconvenientes e indeseadas injerencias de Norman en mi vida. Y sabios consejos debió de darme y bien yo debí de recibirlos, ya que, desde entonces y salvo breves coincidencias, más presencias reminiscentes que encuentros en sí, hasta hoy nada más había sabido de él, Norman. ¿Hasta hoy, dije? ¡Y tanto!, hasta las 4,30 horas de hoy, plena noche, ¡manda horas!, había sido -no perdamos el humor- pura ausencia, de las de buen olvido y nula nostalgia.
Se presentó, por no decir irrumpió, Norman, con sus tonos grises y cómo no, como siempre sé y he observado que hace, para hablar de él mismo y sus amarguras, siempre con gran ardor y de manera tal que acaba uno sintiéndose culpable e, incluso, contagiado de las unas y del otro. 
Sí, sé de sobra que se encontrará quien me lea, también sintiendo objeto de invasión por la sorpresa sobre hora y forma tan intempestivas y hasta por la duda sobre el grado de mi paciencia. No me extraña. Ni yo mismo me creo a veces mi aguante, este estoicismo. Quién me iba a decir a mí, siempre campal, de resorte sensible para la exaltación menos conveniente, que me contendría ante tal invasión y que, amén de con otros tratos, iba a intentar librarme de Norman hasta con este naciente texto conjurado. Pero así es. ¿A ver si tengo que revisar mi incredulidad con respecto al dicho de que no hay mal que por bien no venga y a la par se me encrespa la vanidad por mis crecidas moderación y continencia?
Confieso que también estoy, de paso, mientras esto escribo, ensayando la despedida para cuando se vaya; dudando entre un cercano, ¡adiós, Norman! ¡Hasta otra!... si no hay otra, o si, dirigiéndome a él por su segundo nombre, un más distante, ¡bueno Rupert!, mil gracias por reintegrarme al placer del bienestar, ve con viento fresco y que, a buen ser, te impida todo regreso.
Sé perfectamente que cualquiera de las fórmulas, que por formalismo use, son parcas de cortesía. Pero es que este tipo de presencias impuestas, no deseadas, como que, aun  mis mejorías de carácter, aún me lo agrían un poco, así como recortando mi normal afabilidad. Y eso sí que no. 
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lunes, 7 de mayo de 2012

DEL DIARIO... de ayer

Uno se levanta, examina el día que lo espera, más acá, mas allá de los cristales y, como casi siempre, se deja invadir por una celebrada admiración hacia tan natural y cotidiana maravilla. Al decir maravilla, no escribo pensando en la escasa facilidad con que hoy se viven los tiempos y sus vicisitudes. Sólo constato el hecho de estar, de ser ante la nueva oportunidad, la nueva jornada que se nos ofrece a ser vivida con mejor o peor fortuna, eso no siempre y en todas las cosas dependerá de nosotros, pero también con mayor o menor disposición íntima hacia ella y todo lo que engendre y nos ofrezca. Y ésta sí depende de cada cual.
Uno, contemplando ese momento, pensando y deseando su mejor discurrir, se pregunta de dónde le viene este talante que le dispone a recibir cada nueva fecha con la enloquecida fuerza del desaliento a combatir y resistir, a vivir el éxito de todos los fracasos, que digo con palabras del inmenso Ángel González.
Sí, ayer, entre interrogaciones, y acaso por influencias comerciales, acaso por disponer de más tiempo del habitual, viajó mi memoria hasta el más profundo origen de mis pálpitos, de mi capacidad de admiración casi permanente, de mi gusto por la vida, y no pude menos que agradecer este humor -urbanidad de la desesperación que definía Boris Vian- que, heredado sin duda, cuido y fomento, atesoro, casi como tabla de salvación; esta alegría que procuro sea, acto a acto, cada vez más laetitia de la que enseña Spinoza.
Y ahora les dejo, que...
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domingo, 6 de mayo de 2012

QUE SEPAS QUE...

Ayer no te busqué, de ti me privé.
Era tu noche extraordinaria.
Ya sabes que...
me gustas creceDera,
me gustas cuandplena,
me gustas Cuando menguas,
Incluso cuando no      ,
me gustas
echándote de menos
porque te sé cierta.
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martes, 1 de mayo de 2012

1º DE MAYO


Escribir a otros hoy sobre las razones existentes para salir a la calle a celebrar, a reivindicar, a defender el conquistado, que no regalado, el llamado Estado del bienestar, el trabajo, la dignidad y los derechos de los trabajadores de este país, de la Europa toda, del mundo todo, supondría casi un insulto, considerarme más que tú, que si no las ves posiblemente serás ciego, si no las oyes, sordo, si no las hueles, sin duda sufres anosmia; si no las saboreas, de ageusia, si no las palpas, de anafia. O acaso simplemente sea que te niegas a percibirlas por cualquiera de tus sentidos, con lo que inútiles serían mis palabras, por ser tú de los peores ciegos, los que no quieren ver, los peores sordos, los que no quieren oír, etc. etc. O, lo que aún sería peor, que participas con gusto secreto, disimulado o no, de las agresiones y desmantelamiento de lo logrado por generaciones, con lo cual, nunca serían para ti, pues de ti también me defiendo.
Mis razones, además de las tristes e injustamente hoy presentes, ya muchas veces las he dado. Queden dos aquí hoy como muestra: 1º de Mayo de 2007 y 1º de Mayo de 2009.
Yo sí, yo sí saldré hoy a la calle porque, como escribí tal día como hoy en dos mil seis, recitando a Alfredo Zitarrosa: Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío,,, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado... Y por eso estaré, un Mayo más, un 1º de Mayo más, porque no iré solo, porque, ni yendo solo, solo iré; porque irán, porque van conmigo, mis amadas ausencias y memorias, las más nobles, las más mías, las que hacen mi mejor yo, de las que vengo.
Y aquí les dejo a los voluntarios ausentes, a los que nada a nadie deben, a los puros, a los que tanto juzgan, a  los que largamente nos pueden hablar de decepción ese: ¡Cuidado! porque estás en un filo difícil, porque la palabra decepción con solo cambiarle un sonido se puede convertir en deserción. ¡Que no te ocurra eso!, que también recito de Zitarrosa.
Sí, hoy es mi día, la laica fiesta de mi hermandad y procesionaré festivo y en silencio, y mi corazón seguirá orando con Alfredo y muchos más: Pan y rosas para los hombres del mundo, para los amantes de la paz, para los vestidores de los sitios por donde el hombre pasa, para los que siembran trigo y levantan la flor.
Sí, saldré y volveré a cantar esa vieja canción (1871) francesa de origen que después se hizo de todos que es La Internacional. ¡Salud!
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lunes, 23 de abril de 2012

DE LOS LIBROS Y LA LECTURA


"Porque el olor del libro es la quintaesencia de todos los olores, la geografía del héroe, el trópico de la quietud y los bosques nemorosos. Todo libro es pasaje. Cuando abro un volumen y aspiro sus páginas ya no estoy allí...
...Sólo quien ha leído sabe si la vida merece la pena ser vivida sin la conciencia de aquellos hombres y mujeres que nos hanescrito mil veces antes de que naciéramos.
Y que nadie sonría antes estas líneas.
Por una vez y sin que sirva de precedente, han sido escritas sólo desde la emoción."
Ricardo Menéndez Salmón



domingo, 22 de abril de 2012

DEL DIARIO... propiamente dicho


Hoy me he levantado pronto, muy temprano, en plena noche. Hoy quería esperar al día, aquí, sentado frente al ventanal; abundante café frío y tabaco cercanos, el viejo y deteriorado cenicero verde, el que fue el predilecto de mi padre a mano; cerca también las fotos de las generaciones que me precedieron, la última de los cuatro hermanos juntos y cómo no la de esa niña a quien tanto escribí y hoy ya es toda una mujer, una alegría y un orgullo, a veces casi una vanidad, y que siempre viene a redondearme el mundo, a rellenarme los agujeros negros que yo mismo me pueda fabricar, que sería soberbia decir que la vida me los produce y sería indigno que yo dijese eso. Hoy quería estar presto a honrar la vida.
Así, escuchando también las músicas que más me acompañan y con las que incluso ya soy capaz de alcanzar el silencio vital que hay más allá de ellas mismas y cuyo acceso me facilitan; así, digo, mientras el cielo venía regalando sólo esperanza de un buen día y los edificios, las calles, los coches, incluso las petunias y geranios que ofrecen a la calle y sus andantes unas vecinas, todo lo que abarcaba mi mirada iba regresando a su semblante y color habitual. Todo así fue abandonando la penumbra y haciéndose nuevamente presente y luminoso, ofreciéndose al nuevo día, a mi nuevo día. 
Así, y a plena conciencia, y sin darle esquinazo a memoria alguna, inauguré el nuevo día, primero de este nuevo año que hoy comienzo. Así, vine repasando el devenir de mi tiempo, días y noches, con sus altibajos, con sus cumbres, sus valles y hasta sus pozos; con sus claroscuros, esas luces y sombras, las alegrías de los aciertos, las tristezas de los fracasos, los contentos de lo bien hecho, la conciencia de los daños producidos… Así, así me constituí en evaluador de mi propio currículum vitae, el más importante, ese con el que uno se enfrenta a los espejos, el que uno posa en las almohadas de todos los sueños, el que recoge la totalidad de lo hecho, la existencia, el que responde del cumplimiento del contrato íntimo y vital que uno mantiene consigo mismo, de alguna manera con ancestros y descendencia, con la vida. Quisieron interrumpir este momento, suma de alargados instantes, los consabidos y celosos miedos y anhelos. Pero, acogiéndome a la inhabilidad del día, me defendí de ellos dándoles cita para día más trabajoso (y, por cierto, que de bondades guarda un “no”).
Así, entre mis libros, músicas, películas, cuadros, fotografías y fetiches varios y todos, no me ha cabido menos que sentir más contento que tristeza y, en consecuencia, gratitud.
Es por ello que siento preciso mostrar esta gratitud a todas las personas, mujeres y hombres, que han formado y forman hasta ahora parte de mi vida, especialmente a las que más me han aportado, aportan, querido, amado en su vario grado. Y hasta a aquellas cuya intención esa no fuera, incluso que de ella estuviesen alejadas o fuese contraria, porque, de alguna manera, también ellos me han enseñado, hecho, enriquecido. Hasta a los animales, perros especialmente, que han convivido conmigo les debo gratitud, por sus alegrías, por sus miradas, por esa primitiva solidaridad que tantas veces me mostraron; por lo mucho que me han dado, aun sabiendo tanto de mi y mis cuitas y venturas. Hasta por cosas del azar he de agradecerle a Gaylord Nelson su especial promoción del veintidós de los abriles, día de mi aterrizaje, como Día de la Tierra. La vida te da sorpresas / sorpresas te da la vida, que dice la canción.
Mas justo es que la hora de las gratitudes sea compartida, cómo no, también para pedir perdones por los daños causados, por las heridas abiertas, que más que nunca hoy deseo hayan sido bien curadas, sea tenue su cicatriz de haberla dejado y que la sonrisa haya vuelto a sustituir la posible mueca por los dolores aflorados.
Después, así, con el cariño de todos los que de una forma u otra os habéis hecho presentes en este día, y hasta con el que sé cierto de los que han sido ausencia, vividor como soy, me lancé a los quehaceres propios de mi estado, sexo y condición, a la vida y a alguno de sus gozos. Toda sobredosis es poco recomendable y más a cierta edad. De uno de ellos, el de la vía gastronómica al bienestar habré de comentar algo un día próximo; los otros, comprenderán, son atesorados para mi propia consideración personal en cuaderno más íntimo que este.
Ahora, ya cerca el cambio calendárico, con el corazón esponjado por la bondad del día, firmo y rubrico este contento apunte cuyo contenido a tantos es debido.
Pero antes de irme, a modo de amistoso intercambio de dones y por si un aquel, les dejo a todos, a la vez que lo escucho, este Blues para seguir. Lo dicho, gracias y nada de rendirse.
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jueves, 19 de abril de 2012

¿DESEA UNA AVENTURA? CORRA A RIESGO ECLÉCTICO

Existen ocasiones en que uno, de la mano de Juan Manuel Serrat, bien puede afirmar que de vez en cuando la vida / toma conmigo café.
Comienzo así, pues esta fue la canción que me vino (vino, mira por donde) a la cabeza al poco de comenzar lo que más adelante les cuento y al silbido que, por lo bajines, me acompañó en el paseo de regreso por las calles en volandas.
La sensación que describe la canción me invadió por más tiempo y aún a esta hora, ya alejada en que escribo, me la tararea la memoria y la gratitud que me late y da fe de vida en esta que de vez en cuando se hace de nuestra medida / toma nuestro paso
La cosa vino (toma, otra vez) de que por fin -sí, por fin, que andaba yo esta temporada un poco acaracolado, así como hacia los adentros o ablayau que me provocaría Paco Flecha- decidí regalarme a la vida y nada mejor para ello que acercarse a La Buena Vida y aún más y mejor, vamos, óptimo, si en ella cuelga una exposición fotográfica de Juan Luis García, juanluisgx, todo un Riesgo ecléctico.
Claro, disponerse a observar unas fotografías de Juan Luis es cosa que siempre precisa estar desprovisto de cualquier prevención que impida ver y sentir como, siguiendo con la misma canción, la vida, a veces, saca un conejo de la vieja chistera. Hay pues que ir, siempre, dispuesto a ser cautivado, seducido, por sus instantes retenidos y así lograr que estos nos hagan obvio, no ya lo que hay al otro lado de las realidades capturadas, que también, sino lo que se nos muestra en ellas gracias a su genial visión, esa otra mirada que viene a reprocharnos -felices reproches, alimentos terrenales- lo obnubilados que andamos habitualmente para no advertir tanta belleza casual como se cruza ante nuestros ojos, ante nuestro ver, nuestro mirar y en la que no reparamos pues vamos enfrascados en ese ir a ninguna parte que nos embarga tanto tiempo y tanta vitalidad en ese cotidiano ajetreo al que no nos sonroja ni entristece llamar existencia. Ese tiempo fugitivo que consumimos medio aturdidos por diversos espacios, así como sin saber qué pasa, como chupando un palo sentados / sobre una calabaza.
Toda una serie de prodigios son las realidades y ficciones y pareidolias que Juan Luis nos anuncia para su muestra en estas diecisiete fotografías. Dieciséis en realidad, que al parecer la niña bonita del catálogo se ha ido de amores y nos ha dejado con las ganas de mirarla en vivo y directo para que nuestro cerebro nos jugase al engaño. Aceptable engaño por imaginativo y enriquecedor en este caso.
Apenas entra uno y comienza la observación y ya renace a la vida, pues es llevado a la luna inspiradora por una cigüeña en pleno vuelo desplegado o, por qué no, sí, mejor, acaso sea la cigüeña la que te traiga una luna crecedera para que no te deshabites de sueños y locuras, salubres y necesarias locuras. Sin duda es esto último, porque el efecto fue inmediato. ¿No me dio por verme retratado en su Silueta "à la Giacometti" en una de esas contemplaciones y cavilaciones a que me entrego y gozo frente a la mar? En ese momento fue cuando acepté tomarme el café con la vida, continuar con ella la aventura que me proponía. A qué resistirse.
Y así, cafeteando, a ella me entregué. Eso sí, cumplidos ritos y cortesías con don CaraLibro y los señores Pitted Gherkin Sr. y Jr., industriales conserveros ellos, por si un aquel.
El affaire recién iniciado, como todo lance que se precie, fue de pulsación in crescendo ya que a su través, y no obstante fuera a ser la Noche tuerta y enojada, uno se sabe Happy shadow, y cree que, aun sea por Reproducción asistida, uno, por fin, se hallará en el Fiel de la balanza y así, a través de ese templo que invisible se crea y crece en ella, la aventura, sabes que te hará viajar sobre montañas y cielos hasta que, claro, no tan suficiente loco, uno comience con las nostalgias su batalla en la playa que es, con sus áridos recuerdos y majestuosas oleadas de la mejor memoria, sus injertos o experiencias y llegará también uno, cómo no, a encontrarse con Borges y su Jardín de los senderos que se bifurcan o el tiempo, los tiempos. Y sí, acabará uno acompañando a la luna al contenedor en una herida noche de mayo, acaso deseando un reciclaje que le salve de los mundos paralelos y asimétricos y por ello incapaces de ocupar todo espacio o plano como cada mundo, incluso el propio, así merece. Terminará pues la aventura con una invitación a recomponer el puzzle que cada cual sea; pero por las calles, en plena City Puzzle, y, eso sí, mientras silba y siente que de vez en cuando la vida / afina con el pincel / se nos eriza la piel y... Y las guarda, aventura y exposición, en sus mejores y más atesoradas memorias y sentires.
Uno, además de por pública y manifiesta amistad con Juan Luis García, juanluisgx, se acercó a contemplar en vivo y en directo la exposición Riesgo ecléctico, porque también conoce de su bien hacer, entre otros, fotográfico y porque en cuanto a vinos y cafés, el que esto signa ya no está para riesgos y sabe bien que, aún su título aparentemente inseguro -que cómo para más riesgos, prima incluida, está uno mismo y la realidad- además en cuanto a la cosa gustativa y palatino placentera -un buen café, o buen vino, siempre son placer- uno sabe que está apostando sobre seguro.
Elegí, ya supondrán el porqué, hora de poca afluencia, apenas abierta La Buena Vida, vinoteca que acoge la muestra y que, ad maiorem hominis gloriam, también guarda y sirve buen café. Doy fe.
De la exposición Riesgo Ecléctico, con o sin aventura es cosa de cada cual, se puede disfrutar hasta primeros de mayo. Dicho queda. Después no será tiempo de lamentaciones.
Y, ahora, con permiso cierto del autor y supuesto de los amores que de ella nos privaron aquí les dejo a la niña bonita, Jurassic Balcony . Hala, fíense de su cerebro...
(Sillanosaurus Rex Calagurritensis / juanluisgx / derechos reservados)
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martes, 17 de abril de 2012

DE UN ENCUENTRO SIN COFRADES, PAPONES, NI AGLOMERACIONES

Y nos sobrepusimos
y nos dimos un abrazo
 más carnal que por correo...
y así fue.
Pero, obviamente, esa foto no la publico, pues se comprenderá que hay cosas que los hombres nunca deben develar, sino guardar en su corazón para su propia consideración personal.
No obstante aquí queda el testimonio gráfico de el encuentro
El autor del título de la entrada así como de la fotografía ante mis dos preferidos hipogeos, del Teorema y de la soledad es, cómo no, Juan Luis García, juanluisgx.
Cumplido queda mi "pero eso será otro día" en Manuel Jular o la defensa del Paraíso

viernes, 13 de abril de 2012

MANUEL JULAR O LA DEFENSA DEL PARAÍSO


Hoy, jueves, he terminado de admirar el Descensus ad Inferos que Manuel Jular expone en el Museo de León desde el pasado veintitrés de marzo. Hoy, tras tres dilatadas visitas.

La necesidad de mis tres observaciones, y demoradas, no quisiera yo que sonara a, o se entendiera como, expresión de disuasión masiva. Nada más lejos de la realidad y de mi intención. Son dos las visitas que, normalmente, preciso para absorber, consumir enteramente, aquello que me absorbe, atrae a sí, cautiva; y que hayan sido tres, hasta por natural se puede tener si se considera mi habitual gusto por la dilación y la limitada y lenta capacidad de mi intelección. A mayor abundamiento, el número de obras expuestas. Cien, según cita Marcelino Cuevas Santos en su blog, y más según mi último cálculo al ojeo.
Que yo tratase aquí de reseñar con detalle la ingente obra expuesta sería propósito que, amén de vano, al punto se vería mudado al de enmienda.
Diré pues, sin más introito, que no sólo acierta Jular con esta muestra, pues como bien él dice pintando lo que de verdad se siente uno no se equivoca nunca, y si de algo está plena cada una de las obras, además de color y calor, es de sentido y sentimiento, sino que también triunfa Jular en el objetivo primero y esencial del arte, expresar, con y en esta exposición, ya que después de ir uno observando y absorbiendo, a la vez que se deja cautivar por las formas y colores con que el autor nos comunica sus visiones, creaciones, más recientes -todas ellas fruto de la mestiza utilización de la fuerza de atracción de su bagaje intelectual, con sus continuas referencias al mundo y cultura clásicos y su ya no tan nueva profesión, ya son ocho años, por el arte digital, por el uso de las más modernas tecnologías informáticas- no es el que abandona el Museo el mismo que en él se adentró en búsqueda de su Descensus ad Inferos. Y no lo es porque después de recorrer, insisto, demoradamente, sus jáculas y máculas, sus bóvedas, capillas o estancias subterráneas, sus grutas y monumentos consagrados a las ninfas, dríades o nereidas, sus mosaicos y, cómo no, partituras -Jular y la música, Jular y su musicalidad compositiva-, sus representaciones del Gran guiñol, gran teatro, del mundo y su intolerancia; después de ver su Prólogo y Epílogo, su On verrá, se verá uno conducido a una precisa y también demorada y posterior reflexión sobre el conjunto de lo observado, sobre las singulares obras que más huella hayan dejado en la conciencia, en el espíritu consciente del observador. Si no transformado, si llamado a la reflexión se regresa de la contemplación de estas narraciones propuestas, ofertadas, por Manuel Jular.
Cómo, a modo de ejemplo, y callándome de momento, la impronta memoriosa que hiere y llama a la conciencia y a la presencia crítica y hasta beligerante contra la realidad existencial más contemporánea que produce su serie sobre el Gran teatro de la intolerancia, como hace al hablarnos de los otros, pero también, acaso, del dependiente de cada uno de nosotros mismos -convertidos en actores y espectadores- como en el caso del Rodin, metafórico y humano avatar del mitológico Pigmalión de Chipre; cómo, digo, sacudir de la consciencia, de la memoria, todo lo que refleja y canta desde lo más ancestral de lo humano su Hipogeo, si no aria, de la soledad, sin duda una de sus habitadas obras, o el titulado del Teorema, o los del Discurso sobre la vida y la muerte y de los dos amores, o por qué no, y ambos, de Eros y Tánatos.
Regresa uno a su propia cueva y es allí donde, dado a la reflexión sobre todo lo aprehendido por sus retinas y alojado en su intelecto más sensible a lo largo de la muestra, le da por considerar y hasta, quizás de forma temeraria, concluir que el artista Manuel Jular con las creaciones pictóricas que conforman su Descensus ad Inferos, no se resigna a la náusea de lo inútilmente humano o la desprecia, que se resiste al secuestro de una Idea, de un Ideal, por los que se dicen sus seguidores, a que los parias, casi todos, sean triste carnaza de estos, nuevos, levitas.¡Ah, el poder de las MasterCard! 
Y de todo ello, sin duda, ésta su Ascénsio ad Terram que viene a ser la exposición pública de aquel, su puesta a disposición de cuantos por mano de sus obras queramos compartir su viaje al infierno de lo subterráneo o aparentemente oculto. Creo que no pretende más Manuel Jular, desde lo más fuerte y vivo de su pensar y de su sentir, de su bien crear, que la testimonial y combativa defensa de la hipótesis, y por qué no, del ideal, del Paraíso terrenal. Mas no de aquel del que teó-ricamente fuimos expulsados ad eternum, y según la tradición judeocristiana, por no reconocer la exclusividad, o por querer socializarla, del conocimiento del bien y del mal; sino más bien del que tantos reivindicamos -pretérito y presente- para todos cuando cantamos, o pensamos, o soñamos, que habrá de llegar un tiempo en que la tierra será el paraíso patria de la humanidad.
Manuel Jular y yo no nos conocemos, o lo hacemos sólo de ganas de conocernos. Nos leemos y nos escribimos, pero no nos hablamos, hasta ahora, ni cuando estamos bajo el mismo techo. Si yo le escribo que pese a lo que pueda parecer, tiro a tímido, o cortado, en vanguardista; él me contesta que aunque a veces parezca un bocazas encampanado, soy, no sé si tímido, o intimidado. Así que, ambos esperamos, alguna vez, sobreponernos y darnos un abrazo más carnal que por correo. Y se verá. Se verá y de ese momento dejará constancia nuestro amigable nexo Juan Luis García con esa mirada ladrona de espíritus que maneja. Pero eso será otro día.
De la exposición Descensus ad Inferos, que yo doy en Defensa del Paraíso, de Manuel Jular se puede disfrutar hasta el próximo 29 de este inestable abril, en el Museo de León, en la Plaza de santo Domingo. Dicho queda. Después no será tiempo de lamentaciones.
La foto de Manuel Jular que utilizo, es de Marcelino Cuevas. 
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miércoles, 11 de abril de 2012

CINCO ETERNIZANTES PAPONES SIGUEN TRAS LOS PASOS

No es que algún cofrade de los frustrados en su procesionar persevere en ello dada la ligera mejoría del tiempo, no. Es que el pasado sábado, como el día parecía estar negociador o, al menos, no tan beligerante y escoña fiestas como sus previos; a esa hora en que uno supone a amigos, conocidos, saludados y si te vi no me acuerdo en animada sobremesa o en recuperadora siesta previa a un nuevo lancémonos a la calle que no llueve y, en consecuencia, uno cree en que es la hora en puede blindar su deseo de hacer lo que quiere a su propio aire; a media tarde, salí a dar un paseo en dirección a san Marcos, pero a punto de llegar, algunas neuronas se dieron a la sinapsis, se me encendió la bombilla de la memoria, driblé al santo monumental y me acerqué contento de la neurotransmisión hasta el Hotel Quindós, a ver y mirar la exposición Tras los pasos que, por amor al arte, los Quindós, como mejor y más los represento en mi mente y en mi corazón, acogen en su Hotel. Una muestra de cinco fotógrafos leoneses que brindan su particular y artística visión de la semana grande leonesa. Lo hacen desde el inicio de la primavera y hasta el próximo 22 de abril, ¡toma día!

Elegí tal cosa, pues ya todos los pasos que me gustan habían pasado y sido vistos. ¡Y en qué condiciones ellos y en qué condiciones yo! Así que, sin prisas, sin temor a que rompiesen nuevas aguas celestiales,  y en la creencia de que el riesgo de encuentro que distrajese mi atención era mínimo, me fui a ver la obra expuesta por estos cinco generosos papones eternizantes -¿qué otra cosa pretende el fotógrafo que no sea eternizar el instante y, al exponer su obra como es el caso, hacernos a los demás partícipes de él?
Enriquecedoras son estas cinco visiones de la semana grande leonesa que nos son facilitadas, donadas,  al sentido de la vista, de la observación.
Cada una de las cinco miradas eternizadas en esta muestra, bien desde el realismo, bien desde simbolismo, vienen a hablar al observador de la tradicional semana santa leonesa y su personal significado, proponiendo un diálogo imaginario entre cada expositor y cada espectador.
Agustín Berrueta, da la bienvenida con su tres fotografías, detalles a varia distancia, que introducen al observador de lleno en el objeto de la exposición. Corona la composición de sus retenidas miradas  un primer plano del Jesús pleno de congoja que bien titula Aparta de mi este cáliz y en el que la captación de la mirada de la talla tal parece conferirle vida;  lo acompañan un amplio detalle de la túnica y paño de una Verónica y un crucificado al que sorprende la nieve ante la catedral a la par que parece pensar Si hubiera nacido en León.
Sorprende Felipe Zapico con la penumbra de sus cuatro miradas, fotografías o eternizados instantes. Bien custodiadas por dos detalladas candelas que flamantes anuncian y rompen la noche oscurase encuentran las obras que más ampliamente relatan su visión de la semana santa, recreándose en sus sombras. Una, su Gólgota apenas iluminado por una tríada de cirios encendidos trasluce toda la angustia y agonía del crucificado; la otra, una solitaria Penitencia que parece devolver ecos de esperanza, pues de la observación de la figura central nos llega la duda de si pena mientras espera o se esperanza mientras pena. No obstante estén ambas plenas de sombra, ambas arrojan, como en un sin querer del autor, o sí, que a saber, luz sobre la tradición de la semana en León y la creencia de algunos.
Por su parte, Juan Luis García, nos ofrece con sus cinco fotografías, instantes retenidos y recreaciones, la más lúdica de las miradas aquí expuestas. Si sorprenden sus imaginativos montajes, El milagro de la virgen funámbula y Calvario, más aún asombra la mirada anticipada que adivina y espera la conjunción espacio temporal precisa para captar y brindarnos su Cristo de las farolas y su Cruz de las farolas. Sin embargo, y aún conociéndola desde hace tiempo y su aparente simplicidad, sigue siendo su Pasión, captada en la calle Matasiete de esta ciudad, la que a mi parecer es la más elocuente y metafórica de las fotografías, y más, si entendemos la semana santa como rememoración del humano padecimiento en la crucifixión a la par que constatamos la influencia de la tradición cultural en la percepción del simple objeto, totalmente ajeno al de la exposición pero que se integra en ella perfectamente.
Jr Vega nos brinda una serie de tres instantáneas de título coincidente con el de la exposición, que bien podríamos calificar de panorámicas, y, sin embargo, nos llevan, nos traen, al detalle sorprendente, o al desapercibido, engrandeciendo, en cualquier caso, su realismo. Pues si sorprendente es el romano que tal parece implantado en la foto como consecuencia de un hipotético viaje en el tiempo, ya que por puntual que sea el resto de la fotografía, es él quien se hace más singular en ella, apropiándose, casi en exclusiva, de toda la luz de la nublada tarde. Casi igual sucede con los faroles de su segunda mirada, pues aún el blanco de las  albas, apenas nublado por las moradas mucetas, de los monaguillos más puede y atrae la mirada el trabajo de orfebrería de los faroles que portan y sus definidas llamas. La tercera, superado el impacto del beso y todo el marco de blancos capirotes, son el rico bordado del banderín de la cofradía y los instrumentos musicales los que nos roban la mirada. En resumen Javier Vega nos secuestra con sus amplios juegos de luz y nos conduce discretamente, con ellos, más allá de lo aparentemente detenido y mostrado a simple vista.
Con Carlos González no llega uno, tal pudiese parecer, al final de esta colectiva o quíntuple exposición, sino que inaugura el observador, el contemplador, tal que una nueva muestra, pues oferta, sin duda alguna, Carlos González, las imágenes más simbólicas de la exposición, sin que por ello estas dejen de llevarnos fácilmente a la semana santa leonesa, aún cuando ésta, a no ser en su  Tras la Cruz y y de manera muy alegórica, no se presente directamente a nuestra vista. Tras el color del globerío aerostático que guía hasta las varias celebraciones festivas y anuncia a su vez el término de toda procesión que se precie, nos ofrece Carlos González cuatro detalles en blanco y negro y así, si uno, Escapulario, nos dice de la actitud personal de la participante, su Tras la cruz, juego de la mirada, nos  lo hace metafóricamente del objeto de la muestra. Sin juego alguno habla, si no grita, su Jueves santo todo el dolor de pasión conmemorada. Alivia, no obstante, aún su título, Viernes santo, la composición cactácea lumínica, que, de alguna manera, devuelve mediante su gracia alegórica al admirado espectador a la tarde, por qué no, en la esperanza de días mejores.
Repito, cinco miradas distintas a la semana santa de León; cinco miradas que, sin duda, alivian la húmeda e inestable memoria de la de este año. Cinco miradas que, como recientemente cite en otro texto, bien nos dice con Mariano Corbí que la verdad puede decirse de muchas maneras; el diamante tiene muchas caras. Por ello, no deberían perderse esta exposición quienes admiren y se sientan vinculados a la semana santa leonesa más tradicional, tampoco aquellos que de ella recelen, siempre es bueno aligerar dogmas y contar con otros puntos de vista, nunca mejor dicho. Se puede disfrutar hasta el próximo domingo día 22, en el Hotel Quindós por amor al arte. Dicho queda. Después no será tiempo de lamentos.
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viernes, 6 de abril de 2012

DE UNA AGNÓSTICA ORACIÓN

Marzo. Una llamada telefónica caída la tarde de uno de los últimos días del primaveral final del invierno. Un encuentro amigable, una conversación, una propuesta, una mano tendida, unas humanas cautelas. Una cosa es un artículo, otra un breve pregón de cuatro minutos. Y más si es de La Ronda. Un tiempo para la contestación. Un hasta mañana.
La propia soledad y de nuevo las cautelas que, aún a su pesar, uno descubre prejuicio. Una conversación razón a razón, como frente a un espejo, para aclarar la aparente contradicción. Un íntimo reto: la razón ha de hacer posible conjugar la propia posición con la de quien a ti se acerca de buena fe y conociéndola. La razón ha de buscar el máximo punto de encuentro, ha de facilitar el reconocimiento de lo mejor del otro. ¿De que servirían si no los grandes conceptos que uno arguye frecuentemente? ¿Por qué no convertir la ocasión en una oportunidad de aunar teórica y praxis del convivir ciudadano, de la búsqueda de espacios comunes para la convivencia, bien en la tradición, como es el caso, bien en la cotidianidad? ¿Por qué no buscar más lo que nos pueda unir que los que nos separa? Una decisión.
Tiempo y espacio. Espacio y tiempo. Vueltas y revueltas, va surgiendo la idea, van saliendo las palabras, su varia acepción, van ajustándose las unas en la otra, se va conformando el puzle, se va deconstruyendo el rompecabezas.
Abril y cinco. Llueve. Llueve y están allí. Llueve y allí estás. Es la hora, el justo minuto. Sales al balcón municipal. Tus manos, como tantas veces, trémulas. Lees tus

PALABRAS AL NAZARENO CON LA RONDA DE LOS NEGROS NAZARENOS DE LEÓN

¡Ay, Nazareno!, ¡ay, Jesús, hombre doliente!
que aun siendo mi nombre Juan, bien podrías tú saberme
otro Shimón bar Ioná, mas no hecho piedra firme,
que objeción soy, amén de negación y duda.

Aquí, hoy y ahora, comparezco, en éste tu humano día,
en esta noche tuya de amarga oración y agónica tristeza,
a ti me acerco de la mano de estos tus seguidores desde siglos,
los negros de león, ¡tus hermanos! y, tal que tú, penitentes nazarenos.

Lo hago abiertamente, y por si me escuchases así te evoco:
Sírvanos esta noche de León, universal por ti y los tuyos,
esta Ronda nazarena, para no olvidar tu ejemplar humanidad.
Sea pues esta Ronda trascendente y sus frutos íntimos y perennes.

Cale la caridad en tus fieles, así como en los que te extrañamos,
y a todos nos facilite esta Ronda, a imagen y semejanza tuya: el velar;
sentir y hacer prójimo a la vecindad, no cegarnos a la realidad;
y en este tiempo espinado de traiciones, penurias y estrecheces,
a propios y extraños, con justicia y equidad, reparar y no perjudicar.

¡Que tu histórico ejemplo a todos nos refuerce!,
que en otros no te neguemos, que en otros no te vendamos,
que no cedamos a la tentación de abandonar al prójimo perjudicado
a la angustia y tristeza de su cruz, a la soledad en su calvario.

Que la esquila nos mantenga prestos, vivos y avisados
a la compasión, al padecer contigo, Nazareno mayor,
con el cercano, como bien amaestraste con tus parábolas.

Que el agudo clarín convoque nuestros sentidos y potencias
a ser amantes del prójimo, del próximo, a estar a su ayuda
y consuelo, a serle humano bálsamo, terrenal bienaventuranza.

Que el destemplado tambor nos percuta corazones y conciencias,
que nos los mantenga abiertos a ti, a tu ejemplo y tus palabras,
y que sea presente y clara la memoria de todas tus enseñanzas.

Que de Ronda a Ronda, año a año, día a día y  paso a paso,
no sea falso nuestro hablar ni nuestro obrar farisaico.
Que, si no exacta sombra tuya, sí personas de recto proceder seamos,
tal que tú dijiste era, y hoy sería, el buen hombre de Samaria.

¡Suene en León la Ronda negra!, ¡tuya, humana y nazarena!,
que a ti nos llame y acerque  en tus mayores mandados, y que estos
informen recto nuestro discernimiento y cada uno de nuestros actos.

Una recíproca gratitud. Adentro, una mistela, dos pastas. Afuera, llueve y llueve. Ellos siguen su Ronda. Tú te vienes a tus palabras. Con la lluvia en la cara, y la memoria del amigo ausente en el alma. Mala está la noche, ojalá escampe para el amanecer y así se alargue la mañana.
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domingo, 1 de abril de 2012

UN AÑOS MÁS CON LOS NEGROS NAZARENOS DE LEÓN


Un año más he aceptado la invitación de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, los negros de la semana mayor de León a colaborar con mi escritura en su revista de este año. Nunca negaré ni mi mano, ni mi palabra a quien a mí se acerque con la una tendida y la otra impregnada de respeto. En estas condiciones nunca encontraré razón para rehusar hacer público mi parecer. Bien sentiría que estaría situando el prejuicio por encima del principio. Ellos bien saben de mis posiciones, yo de la suya como hermandad y de algunos cofrades aún mucho más. A mayores, una ausencia nos vincula especialmente este año, ellos sentirán la ausencia, entre otros cofrades, de su Hermano mayor, Carlos Rueda, fallecido durante su esperada abadía, yo la del amigo a quién sabría contento y pleno en estos días tan especiales para ellos. Estas palabras que siguen han sido mi aportación:  

ACASO MÁS QUE NUNCA
  
Pasada la histórica efeméride del cuarto centenario de vuestra cofradía podría parecer que este 2012 fuese a ser un año más en la rememoración y representación que, de lo padecido por Jesús de Nazareth al principio de nuestra era común, lleváis a cabo dentro de la semana grande de León.

Cuando digo “más”, no pretendo decir, nadie lo debe así suponer, que venga yo a tener todas estas actividades de vuestra hermandad por cosa vacua, que piense que sencillamente se quedan éstas como una parte más de las que hicieron posible la leyenda que se proclama como aval a otros humanos y materiales intereses en el cartel oficial de la dicha semana al publicitarla como declarada de interés turístico internacional y garantizar así su originalidad, tradición popular, valor cultural y capacidad de atracción de visitantes de fuera de la región, entre otras cumplidas condiciones. Y aún menos, como nunca me cansaré de repetir, que “…Muchos de los que llevan el trono seguirían llevándolo si le quitaran la imagen del Señor y le colocaran un muñeco… que a ellos lo que les importa es el folclore y el figurar ante los demás, que el sentimiento ante lo que hay sobre el trono es lo de menos…” como mal, en mi opinión, juzgó y firmó –tendría un mal día- el periodista malagueño Miguel Ángel Jiménez, en su artículo Extraño ateismo publicado ya en su día en periodismocatolico.com.

Tengo y mantengo desde mi experiencia la certidumbre de cómo en algunos de vosotros, con quien me une amistad, esta semana es especialmente convertida en íntimo tiempo y espacio, por público que éste sea, dedicado a la reflexión acerca de la vida, pasión, y muerte de Jesús de Nazareth, persona central de la religión que profesáis y en la que alcanza la resurrección; y, así me llamo a suponerla en todos y cada uno de vosotros. No tengo, pues, vuestros actos y actitudes por una simple rememoración cuasi teatral, un traer a la memoria colectiva y desde la colectividad que es vuestra hermandad, la pasión de Jesús de Nazareth, sino, lo que personalmente considero más útil, importante y necesario, séase creyente o no en su divinidad: una íntima y profunda reflexión sobre su humano padecer, sobre el padecer del hombre, aun se le tenga por dios hecho hombre, pues, aun así, hombre sería.

No, nadie se atreva a juzgar que pienso, escribo y firmo ese “año más” como un “año más, sin más”. Cómo hacerlo así cuando en mi acostumbrada acera, espero poder contemplar este año, un año más, vuestro paso, el de vuestros pasos; sentir la interrogación que me abre cada papón descalzo, interrogación que jamás me responde su mirada y pasa a engrosar así mis propias cavilaciones; cómo, si espero escuchar vuestros sones, y percibir cómo me invadirán los roces, el de vuestras túnicas, el ritmar de las horquetas, el del rasear o paso arrastrado de vuestros braceros, los toques de llamador; cómo tener éste como un año más cuando mi mano sea requerida y estrechada por la enguantada diestra de algunos de vosotros, quienes por más que yo agudice el escudriño de vuestros ojos y miradas me habéis de quedar ignotos. Cómo, si aun así, sí os sabré humanos, hombres semejantes a mí: a veces gozosos, a veces afligidos, ora abatidos, ora esperanzados, ahora en la duda, ahora en la certidumbre, bien en la prosperidad, bien en la decadencia. Cómo.

No, erraría quien, por mi público laicismo, me juzgase, o nos juzgase a los laicistas, como privados de, o ajenos a, toda espiritualidad. Y también lo haría quien considerase mi espiritualidad, mi laicidad, la laicidad, como una creencia o una Iglesia contrapuesta a vuestra creencia o a vuestra Iglesia, a vuestra u otra religión, pues como concluiría Norberto Bobbio: ¡Para Iglesia, nos basta con una!

No, me acerco hoy a vosotros como siempre me he acercado, como lo he hecho de nuevo a, entre otras, vuestras sagradas escrituras, narraciones, mitos y rituales, sin pre-juicio alguno. Así he podido constatar que cuando ni uno, lector, ni las creencias, en sus textos, ponen barreras, no se sitúan tan lejos unas de otras, que se quiebran entre ellas las interpretaciones únicas y absolutas, excluyentes, que todas pueden ser de todos, que todas son legado de todos, herencia para todos. Y que, como bien dice literalmente Mariano Corbí en su libro Hacia una espiritualidad laica. Sin creencias, sin religiones, sin dioses: "No se trata de sincretismo ni de relativismo. La verdad puede decirse de muchas maneras; el diamante tiene muchas caras. Podemos aprender y ser guiados en nuestro trabajo personal por las tradiciones sin que ello suponga sincretismo, como podemos aprender y ser guiados por los poetas de toda la humanidad  en la propia búsqueda de la poesía sin que, por ello, seamos acusados de sincretistas. Todo dependerá de la madurez y coherencia con que se usen las tradiciones". Por esto comparezco un año más aquí, aceptando y estrechando la mano tendida desde vuestra Cofradía que bien me sabe ajeno, porque muchos sino todos, como dice el lugar común, pueden ser los caminos que lleven a Roma, al principal mandamiento (Marcos 12,30 y 31) amarás al Señor tu Dios (Yo soy… la vida [Juan, 14,6])  con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

No, no seréis simple representación cuasi teatral. No, me serviré de vosotros, de vuestros pasos. Cómo no propiciar ante vuestro paso de La oración del huerto, como ahora hago, mi reflexión acerca del humano padecer que tantas personas puedan estar sintiendo en estos injustos tiempos de tribulación; en cuántos prójimos, próximos o no, pueden estar entristecidos o sintiendo angustia, en cuántos tendrán su alma, su espíritu, triste hasta la muerte tal y como nos dejaron dicho Lucas y Mateo que sintió Jesús de Nazareth en Getsemaní. Cómo no cavilar sobre si ante tanta tragedia en los hombres y aun estando a distancia como de un tiro de piedra me extraño de ella, los esquivo a ellos, así como si durmiera por causa de mi propia tristeza.

Sí, os utilizaré. Pues, cómo no acordarse de Judas, de Pedro, ante vuestro Prendimiento. Cómo no preguntarse sobre la coherencia de uno mismo ante tanta ocasión de venta, traición o negación, ante tanta cotidiana oportunidad, grande o pequeña, de dejación del recto criterio, de decaimiento en el buen y bien hacer. Cómo ante el Ecce homo no tomar conciencia de las veces en que uno se decide Pilatos y se lava las manos ante la fragante injusticia que el hombre sufre, padece, testificando en su contra con el cómplice silencio, mi cómplice silencio, nuestro cómplice silencio. Cómo no cavilar ante el Expolio, cuando tantos soldados (de solidus, sueldo. Persona que mantiene algo, sirve a algo o a alguien, o es partidaria de algo o de alguien) toman vestidos o echan a suerte otros bienes sin costura, tangibles o intangibles, del semejante, y ya esto metafóricamente, sin más traer a colación dioses o becerros de oro, algunos ya citados en el Éxodo.

Cómo no utilizar vuestro paso del Nazareno para sentir el peso de la cruz en que se convierte el simple vivir, resistir de cada día para muchos de nuestros semejantes, conciudadanos, convecinos. Cómo no preguntarse ante esa imagen, ante la propia metáfora empleada, si uno mismo es, está siendo, buen cirineo que ayude a sobrellevar pesos y amarguras.

Cómo no servirme de vosotros, de vuestros pasos una vez más, acaso más que nunca este año. Cómo no hacerlo cuando este año estaré acompañado, tendré, como tantos de vosotros, tan presente la ausencia, el vacío dejado por el amigo, por el hombre bueno, por el estimado hermano, Mayor en vuestro caso, que hoy sería hombre y cofrade cumplido y pleno y que ya anduvo y coronó su propia pasión. Cómo faltar hoy, en la idea común de que, como canta la canción, cuando la pena nos alcanza por un hermano perdido… hemos de tener más presente que nunca que la muerte no es el final, pues la vida, como la materia, no termina, se transforma. Cómo privarme este año, en su mejor memoria y homenaje, de esta comunión.
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